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Édgar Ramírez y la lucha permanente

Bolivia al día

Juan René Castellón Quisbert

“ Mire este cuadro, dicen que yo he hecho esto. ¿Pero dónde está mi imagen?”. El cuadro que señalaba el hombre era una fotografía colgada en la pared y a lo que se refería era al Archivo Histórico de Comibol. En la imagen decía: Recuerdo del Personal, Sistema Archivo Comibol 2015. Y en él se veían unas 90 personas, que participaron de la creación, organización y edificación del Archivo Histó- rico de la Comibol, pero no estaba la imagen del presidente de esa entidad, Édgar Ramírez.

Él estaba de pie, a mi lado y me señalaba el cuadro. Vestía un overol azul, que en el pecho llevaba una inscripción: Corporación Minera de Bolivia. Este uniforme lo visten todos los que trabajan allí, incluido su presidente.

“Venga”, me dijo después. Salió de su despacho, cruzó la secretaría, bajó las gradas, salió del nuevo edificio central y se paró a un costado de una plaqueta de aluminio colocada en el piso sobre una pequeña grada. Y empezó a leer. “Homenaje de la Corporación Minera de Bolivia a todos que con su vida y trabajo sacrificado en las minas forjaron Bolivia: mitanis, barreteros, apiris, musiras, chivatos, rumpiris, perforistas, carreros, palliris, carrilanos, matapalos, meseros, mecánicos, electricistas, profesionales y muchos otros que permanecerán en la historia… Eternamente, gracias a los miles de informes, estudios, archivos, planos fotos, y otros documentos que gracias a su trabajo se generaron”.

En ese recordatorio tampoco estaba su nombre.

“Quisieron colocar una plaqueta de cobre, y querían poner mi nombre, junto a los de ellos. Pero yo me enojé. Les dije que el homenaje hay que rendir a los trabajadores. Ellos se molestaron y ya no financiaron la plaqueta. Entonces, yo dije no importa, yo voy a hacer colocar una, aunque de aluminio, pero que rinda homenaje a los trabajadores”, me dijo mientras retornábamos a su oficina.

Antes de subir las gradas, también me mostró dos estatuas, las únicas que hay en este archivo de la Comibol, ubicado en El Alto y que fue inaugurado en 2008. “Son un homenaje a los mineros de la época de la colonia, y a los de la república. No tienen un rostro definido, no es un homenaje a ningún minero en especial, es a todos ellos”.

La conversación había surgido acerca de qué nombre había que colocarle a la Escuela de Formación Política Sindical, que por entonces organizaba el Ministerio de Trabajo, y en la que iba a participar el exdirigente cobista de 1,70 de estatura y piel morena. Al mostrarme el retrato, la plaqueta y las estatuas, me estaba diciendo que no había que colocar ningún nombre a la escuela, porque al hacerlo se es injusto.

El denominativo que había pensado la Dirección de Asuntos Sindicales, que era la unidad del Ministerio de Trabajo, que organizaba la experiencia, era Líber Forti, en honor al hombre de las tablas, que alguna vez fue Secretario de Cultura de la Central Obrera Bolivia (COB), la histórica organización de los trabajadores de Bolivia que supo ser un factor de poder.

“Mire, no es que tenga algo contra Líber Forti, porque además era mi amigo. Sino, por qué resaltar su figura, y no de los miles de trabajadores que dieron su vida por el país. Quién es más hé- roe, el dirigente que impulsa a los obreros a salir a luchar, o el que da el pecho a las balas, y que muere en los enfrentamientos. ¿Usted sabe cuántos han muerto en la Masacre de Catavi? ¿Por qué no ponen el nombre de algunos de esos caídos?”.

Después el exejecutivo de la COB, me dijo: “Lo que importa no son los individuos, sino la masa, el colectivo. Como personas tenemos cientos de defectos, pero como masa no”.

Así acabó la conversación acerca del nombre de la Escuela de Formación Política Sindical. Cuando les trasmití las ideas de Édgar Ramírez a mis compa- ñeros de la Dirección de Asuntos Sindicales, el nombre de “¿Quién es más héroe, el dirigente que impulsa a los obreros a luchar o el que da el pecho a las balas y muere en los enfrentamientos?” 60 esa experiencia solo quedó en Escuela de Formación Política Sindical, nada más.

Así es Édgar Ramírez, más conocido en las lides sindicales como Huracán Ramírez, el nombre de legendario cachascanista de lucha libre de México.

Los dirigentes mineros le pusieron este sobrenombre para resaltar en él su elocuencia y firmeza, según un reportaje de Mario Espinoza, el periodista amigo de Carlos Mesa. Pero no sólo su determinación es destacable, sino también su consecuencia. Cuando uno habla con él tiene la sensación de que está frente a un militante socialista, como él se define, que nunca ha dejado la lucha revolucionaria, sino que la sigue peleando desde su espacio, día tras día, sin haber cambiado un ápice sus principios, como cuando fue dirigente de Unificada, de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia y finalmente como cuando fue ejecutivo de la COB, en 1998.

Ramírez fue trabajador de interior mina durante 14 años, luego fue escalando posiciones hasta llegar a ser ejecutivo de la COB. Es un obrero intelectualizado y un revolucionario consecuente. En el reportaje de Mario Espinoza se ve una imagen de Juan Lechín, el histórico dirigente de la COB, que habla de Ramírez. “Yo quiero repetir lo que siempre he dicho de Huracán, es un hombre, es un muchacho, con mucha capacidad. En segundo lugar, ha demostrado honradez. Cuando la Comibol ofreció mil dólares por año de servicio, y había ahí un grupo de comunistas que se hacían los honestos y aprovecharon eso y se retiraron con sumas de 18.000 y 20.000 dólares, fuera de las indemnizaciones. Quiénes no se retiraron, Víctor López, que trabajó 40 años en las minas, y éste, que trabajó 20. Cuando le preguntaron, por qué no hace lo mismo, 20.000 dólares para un obrero es mucha plata. Los dos dijeron, hemos sido elegidos en Congreso para defender a los trabajadores, seguiremos…”. En este momento se le quiebra la voz al legendario dirigente y termina: “Honrado, bueno, capaz…”.

Ramírez no dejó de ser, desde entonces, empleado de Comibol, donde después de la relocalización de 1987, emprendió una nueva trayectoria desde barrendero y portero hasta llegar a ser director el actual jefe del Archivo Histórico de Comibol. En otra ocasión, volví a visitar a Ramírez en ese edificio moderno, que fue obra suya. Y también volví a ver sus dotes. Le pedí una entrevista sobre la Masacre de San Juan, que iba a ser el tema principal del boletín número 5, denominado Trabajo, que es del Ministerio de Trabajo.

“¿Quieres una entrevista sobre la Masacre de San Juan? No soy bueno para las entrevistas, me pongo nervioso, mal. Mejor tú sacá tus conclusiones”, me dijo y se levantó del sofá donde conversábamos en su oficina. Fue hasta un estante y sacó una decena de empastados, tamaño oficio. Eran dos versiones una en alemán y otra en español del: Informe sobre las empresas mineras integradas en la Corporación Minera de Bolivia, que servirá de base para la aplicación del Plan Triangular. Era el texto original del Plan Triangular, financiado por el Banco Mundial, el Gobierno de Alemania y el Gobierno de Estados Unidos, y que planteaba la desnacionalización de la Comibol, como comentó el exdirigente, uno de los antecedentes del decreto supremo 21060.

Luego, pidió a su secretaria dos compendios de decretos leyes del Gobierno de Barrientos y se puso a buscar entre sus páginas y empezó a leer varios decretos leyes: el 7181 declaraba zonas militares a las minas, el 7187 autorizaba a Comibol a arrendar las minas, el 7188 instruía la rebaja de salarios en 49%, el 7252 entregaba de forma definitiva las colas de Catavi a una transnacional, el 7172 “Cuando les preguntaron por qué no aceptaban la relocalización: Hemos sido elegidos para defender a los trabajadores, respondieron ” 61 señalaba que los sindicatos deben ser apolíticos, entre otros.

Luego pidió otro empastado que contenía el Código de Minería del 7 de mayo de 1965 y leyó el artículo 22, que señalaba que Comibol tenía las funciones de explotar y administrar, es decir, explicó después, no debía explorar, beneficiar, comercializar y no debía exportar. Luego pasó al artículo 24, que decía que la empresa podía conceder en arrendamiento campos mineros y que podía conformar sociedades mixtas. “Era pues la privatización de Comibol”, sentenció.

“Esto estaba aplicando Barrientos, para esto apresó a los dirigentes, militarizó las minas, despidió a 13.000 trabajadores, rebajó salarios, y luego se vino la Masacre del 23 de junio. El origen de la Masacre era la aplicación del Plan Triangular”, terminó su explicación. “Ahora, no creas lo que te estoy diciendo, investigá”.

Creo que a esto se refería Lechín, cuando decía de él, que era “capaz”.

En esta última ocasión, le pedí una entrevista para esta crónica, pero él contestó: “por qué les gusta hablar de las personas, por qué quieres escribir sobre mí. La historia la hacen las masas no una persona”. Y no me dio la entrevista.

La última vez que lo vi fue el 11 de junio, en el 71 aniversario de la FSTMB, que se realizó en El Prado, en las puertas de esta organización. Antes de las alocuciones, el moderador arengó a los mineros que estaban sentados y parados delante del escenario: “¿qué queremos?” y nadie respondió. “¿Ya no queremos nada?, insistió el maestro de ceremonias. “Digan pues libertad”, gritó. Después hablaron dos oradores, pero tampoco plantearon nada, uno dijo sentirse feliz por el aniversario y el otro que la historia de Bolivia no podía entenderse sin la lucha de los mineros. Pero el orador principal fue Édgar Ramírez, y éste hombre de 68 años con bigotes canosos sí propuso una línea política, como en los tiempos pasados cuando la FSTMB de Bolivia era la vanguardia política e ideológica, con sus tesis políticas, como la de Pulacayo de 1946 o la Socialista de 1970.

“Actualmente, el Estado controla el 8% de la minería. Los tributos en algunos casos son menores que los de Goni, que era de 3%. Los cooperativistas tributan el 1%, y se autoexplotan y sobreexplotan las minas. Tenemos que levantar nuevamente las banderas de la nacionalización de las minas. Bolivia tiene reservas minerales por 500 años, en cambio el petróleo habrá por unos años más. Compañeros, hay que levantar las banderas de la nacionalización de las minas para luego industrializar el sector y al país”, arengó el exdirigente. Los mineros aplaudieron de pie.

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