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Federico Escobar Zapata, Control Obrero con derecho a veto. (1924-1965)

Por Luís Oporto Ordoñez (Historiador y archivista. Docente titular de la Carrera de Historia de la UMSA)

“Los bolivianos jamás hemos tenido alma de esclavos”. Federico Escobar Zapata

Este artículo va con una grabación de recuerdo a este esclarecido dirigente minero producido por Radio Pio XII.

“Federico Escobar Zapata luchó por la expulsión del imperialismo yanqui y derrotar a sus soportes internos y hacer una nueva patria con una economía sin explotados ni explotadores, una floreciente industria y agricultura con ciudadanos dotados de una cultura científica acorde con los adelantos y una poderosa defensa militar de tipo popular”. Brigada Federico Escobar Zapata

La reconstrucción de la historia política y sindical del país está escrita aún a vuelo de pájaro. Quedan grandes lagunas pese a que se ha indagado sobre la centralidad política y económica de la minería, el poder dual, el rol del sindicato minero y su influencia en las luchas reivindicativas e incluso revolucionarias, pero poco se ha dicho sobre el Control Obrero, que en Siglo XX se ejercitó imponiendo el veto que la ley de su creación le otorgaba. El paradigma del Control Obrero es Federico Escobar Zapata, apodado por los mineros con cariño como “Macho Moreno”, que en su corta existencia cambió radicalmente el curso de la historia política del país. [1]

“Timbrero” y “Perforista” en la mina de Siglo XX

Nació en Oruro el 26 de noviembre de 1924. Un trágico accidente segó la vida de su padre, Eleuterio Escobar, sumiendo a su familia en una extrema pobreza. Su madre Nieves Zapata se defendió con un pequeño negocio que implicaba inmenso sacrificio para “obtener patos, queso y carne de cordero del lago Poopó, a tres leguas de distancia”. [2] Federico de apenas 15 años, sufría junto a su madre. “Él era como un padre para nosotros, Todavía estudiaba en Oruro y era sumamente inteligente, pero tuvo que dejar sus estudios para ayudar a mi mamá a educarnos”, afirma su hermana. [3] La situación empeoró, llevando a los hijos menores al borde de la desnutrición.

La madre logró emplearse en la casa del Ing. Roberto Arce, Sub Gerente de Empresa Minera Catavi, la más importante de Patiño, en Siglo XX. El jerarca ayudó a incorporar a Federico en interior mina. [4] Ingresa a interior mina como “Timbrero” y ejerce otros oficios de ínfima escala como Carrero, Chasquiri, Perforista, Enmaderador, Almacenero, Ayudante secretario y por último Secretario. [5] El 30 de mayo de 1941 ingresa como ayudante mecánico en la moderna planta Sink & Float de Siglo XX. Al principio fue un trabajador dedicado más al fútbol, casi apático frente a las luchas de los mineros. La dureza de la vida minera fue la universidad que le ayudó a comprender la realidad social del minero. Ya entonces, la utopía revolucionaria de tomar el poder signaba el destino de los obreros del enclave capitalista. El instinto se hacía carne en su ser, únicamente esperaba el bautizo de fuego. Sin embargo, la protección celosa de su madre lo alejaba -cuanto podía- de los mineros “comunistas”. [6]

Pronto participó en su primera asamblea y manifestación para expulsar a un capataz abusivo, lo que alarmó a los jerarcas de la empresa, que tomaron represalias, instruyendo su despido por “fallero”, [7] eufemismo que escondía la sanción por participar en actividades sindicales. Sin embargo retornó al trabajo el 18 de noviembre de 1941 como Ayudante secretario, en la Sección “Azul”, siempre en interior mina. Después se retira temporalmente el 2 de febrero de 1943 para cumplir con su servicio militar. [8]

Sólida formación política

A su retorno del cuartel, su vida cambió radicalmente. Devora la panfletearía que difundían en el distrito minero los conocidos agitadores: La Madre de Máximo Gorki, Flores de la Vida de Makarenko, Cuestiones de Leninismo de J. Stalin, Cantos de la ciudad y el mundo de Luksic, formaban parte de su incipiente biblioteca. En 1944 conoce a Juan Lechín en un campeonato de fútbol que se realizaba en Huanuni. Era la táctica de los mineros para organizar su Federación sin despertar sospechas. Sus compañeros lo nominan como delegado al Congreso Minero de Colquiri (1946), pero denunciado por los “amarillos”, [9] es despedido y expulsado del campamento. El gobierno lo había incluido en la “Lista Negra”. Soltero aún, regresa a su solar nativo, Machacamarca, donde vivía parte de su familia. Allí conoció a Alicia Chavarría. “Se vino a Machacamarca, porque hubo despidos. Como era deportista consiguió trabajo en el Laboratorio de Ensayos del Ingenio en Machacamarca”. [10]

El 23 de octubre de 1948, se casa con Alicia. El 7 de enero de 1949, es nuevamente despedido. Una semana más tarde logra ubicarse como secretario del Taller eléctrico en la sección Colquiri de la Compañía Minera Oruro. [11] Por primera vez es oficinista y deja de percibir jornal diario, pero la “Lista Negra” funciona sin demora. Es cuestión de tiempo para que averigüen si uno estaba registrado en ella. Fue despedido de Colquiri en 1950 [12] y deambula hasta ingresar a la fábrica Ferrari Guezzi de Oruro. Sin embargo; no se quedó allí, prefería trabajar en la mina. Sus dotes de excelente deportista le permiten ingresar a trabajar en Huanuni, aunque -al parecer- cambia su apellido materno por Castillo, para eludir la “Lista Negra”, Se mantiene como Castillo incluso, al acogerse al beneficio del Decreto de Reocupación, dictado como emergencia del triunfo popular en la insurrección del 9 de abril de 1952.

Lucha contra la “Alianza para el Progreso” y el “Plan Triangular”

Federico Escobar es nombrado Control Obrero de Siglo XX por “mandato de las bases”, en función de sus singulares virtudes de hombre preparado, honesto, probo y enérgico. Con Federico Escobar el sindicato se había desmarcado del tutelaje del gobierno en las minas, aunque el MNR seguía controlando los sindicatos de Catavi y Huanuni. Denunciaba la prepotencia de los nuevos capataces, aquellos técnicos, quienes, mimados por la COMIBOL, percibían elevados sueldos en dólares. Tácticamente errado, los identificaba como el enemigo principal y exigía su retiro: “Veo que tratándose de ellos (los trabajadores) se es completamente drástico y para con aquel (el técnico) que ordena y comete errores, se es completamente tolerante, medidas completamente desiguales que merecen la crítica más dura de los obreros. [13] Pronto intuyó que el conflicto estaba más allá de los socavones. En las sesiones de gran comisión con los jerarcas de la empresa estatal en La Paz, Zarco Kramer, presidente de COMIBOL, asociaba el papel de los controles obreros con la reticencia de los inversores internacionales, debido “al desorden e interferencia de los sindicatos en cuestiones técnicas” [14] que impedían a los ingenieros cumplir con su trabajo. Allí comprendió que detrás estaba la mano oculta del imperialismo.

En efecto, la intervención de EE.UU. se debe a que el MNR buscaba la cooperación rusa para los hornos de fundición y fue esa “amenaza comunista [la que] dio origen al amplio programa de cooperación de Kennedy”. Estados Unidos decidió erradicar el comunismo de las minas, apoyando los planes desarrollistas de Paz Estenssoro mediante tres acciones: a) la Alianza para el Progreso, “experimento de desarrollo autoritario y fue en las grandes minas donde la cooperación se desplegó más claramente con fines políticos”, b) la Acción Cívica de la FFAA y c) el Plan Triangular, que buscaba “restringir radicalmente el Control Obrero, despedir a cinco mil trabajadores y sacar de sus puestos a los líderes sindicales comunistas”. Melvin Burke, economista de USAID, denunció que “era un Caballo de Troya que no tenían ninguna base económica excepto destrozar el sindicato comunista y revertir la nacionalización de la industria minera boliviana”. [15] No era tarea sencilla pues en Siglo XX existía una milicia armada orgánica al mando de Octavio Torrico y dos paralelas del POR y del PCB. El enemigo del Plan Triangular eran los dirigentes comunistas. La Embajada de EE.UU. en Bolivia caracterizó a Federico Escobar como un “marxista romántico y un héroe para su gente. Considera que los intereses de sus mineros son lo más importante”, informó al Departamento de Estado. [16] Para su puesta en marcha el gobierno ordenó el destierro de Federico Escobar, Irineo Pimentel y dirigentes comunistas y trotskistas, preparó al ejército para intervenir las minas y movilizó a los campesinos del norte de Potosí. [17] Finalmente, el Plan Triangular fue aceptado por la FSTMB el 28 de agosto. El 31 el gobierno aprobó el decreto limitando el Control Obrero y recién liberó a Escobar y Pimentel. Finalmente, el gobierno –presionado y financiado por EE.UU., impuso el Sistema de Mayo, pieza clave para el Plan Triangular que impulsaría Barrientos, luego de derrocar a Víctor Paz Estenssoro.

Federico Escobar y el capitán Zacarías Plaza

Según el oblato Gregorio Iriarte, había en el distrito diferentes agrupaciones de izquierda. Escobar ingresó al Partido Comunista de Bolivia en 1957, durante el Congreso Minero de Pulacayo. Sus divergencias ideológicas con el PCB, lo llevan a fundar el Partido Comunista Marxista-Leninista PCML (1965) del cual su será su primer secretario hasta su muerte. Escobar generó la actitud hostil de la iglesia en Siglo XX, impulsado por el oblato canadiense Lino Grenier, cinturón negro en Karate, poco ortodoxo, que le gustaba liarse a golpes con los mineros “comunistas”, a quienes comparaba con Satanás. Fustigó a Escobar desde Radio Pío XII y entregó a la Comibol la lista de agitadores en Siglo XX. [18] Escobar era su principal enemigo, quien paradójicamente se reclamaba “católico desde la cuna, y ciertamente mejor que muchos cristianos practicantes”. El cura Lino trabajó incansablemente para dividir al movimiento obrero y lo logró por mucho tiempo, hasta que fue la iglesia la que terminó cambiando su postura. [19]

Escobar tuvo la visión de usar el control obrero como instrumento político, de ahí que su poder haya sido mayor que el de secretario ejecutivo del sindicato, y mucho más peligroso para el gobierno que el propio comité ejecutivo de la Federación de Mineros o de la COB. Los controles obreros muy pronto fueron neutralizados y reemplazados por cargos rentados en la COMIBOL e incluso puestos ministeriales, Sinforoso Cabrera, Mario Torres Callejas y el propio Lechín ocuparon esas funciones. A Federico Escobar le ofrecieron el cargo de Director Obrero en COMIBOL-La Paz, y otros de mayor remuneración en el Ministerio de Minas, pero los rechazó al igual que los seis mil dólares que el Gral. Barrientos ordenó que le entregaran en la cárcel de Santa Cruz. Escobar alcanzó una moral invulnerable.

El régimen de Barrientos no dudó en utilizar la persecución, la intervención militar, el asesinato y la tortura para frenar las protestas sociales Un episodio de esta trágica historia la protagonizó el capitán Zacarías Plaza, quien le pidió al padre Gregorio Iriarte transmitir a los obreros el ultimátum de rendición incondicional del centro minero y la entrega de Federico Escobar: “Que se entregue, Padre, sino lo mato”. Radio Pio XII difundió el aviso, pero lo que no supo Plaza es que fue el mismo cura oblato quien ayudó a Escobar a salir del distrito con un “documento en el que él aparecía como Francisco Belzu. “No es cierto que Federico haya huido vestido de cura, el que llevaba la sotana era yo, lo otro lo tejió ya la historia popular”, afirma Iriarte. [20]

Su oscura muerte

Escobar se exila en Arica, pero poco tiempo más tarde ingresa clandestinamente al país. Apresado en Santa Cruz, con el mismo documento falso con el que saliera, libra un interminable juicio para recuperar sus derechos individuales. El gobierno no cometió la torpeza de eliminarlo, pero su sólo era cuestión de tiempo y oportunidad. El padre Iriarte cuenta que, tras ser convocado por Barrientos, le pidió su libertad: “El presidente me preguntó qué debía hacer, yo le dije déjelo libre; pero es comunista, me respondió. Yo le dije, lo que pasa es que él lucha por todos, por las viudas y huérfanos, dejando todo, renunciando a todo. Para él, nada, para los pobres trabajadores un mejor futuro” luego de largos trámites judiciales y declaraciones de testigos, sale libre.

Su retorno a las minas fue apoteósico pero su destino parecía estar sellado. Un accidente provocó la dislocación de una clavícula y su brazo. La operación a la que fue sometido en el hospital de la empresa no satisfizo ni a Federico ni al partido. En La Paz se sometió a una segunda operación exitosa. Total, era algo de rutina. La siguiente tuvo consecuencias fatales. El médico ordenó usar anestesia total para operar el codo. No despertó más. Murió tras 14 horas de debate entre la vida y la muerte. Para muchos, fue “una mano criminal”, para los facultativos, “la impotencia de la ciencia médica”. Algunos piensan que el gobierno compró a alguien que participaba en la operación. Otros piensan que hacía sombra a alguien del partido e incluso le lanzaron esa acusación en pleno funeral, frente a Alicia, a lo que el aludido respondió”: “¡Calumnia Camarada!”.

La verdad histórica oficial se basa en el informe del médico que diagnosticó “daño irreversible, por falta de oxígeno”. Pero esa misma verdad ha establecido que al líder sindical no se le hizo jamás la autopsia de ley porque supuestamente “sus parientes se negaron”. Los mineros levantaron un monumento de bronce en la plaza del Minero, se le declaró mártir, y se le construyo un mausoleo. El partido convirtió en rutina celebrar el aniversario de su muerte, reeditando su autobiografía. El 2015, se celebró los cincuenta años de su muerte. Su hijo Hernán, publicó sus escritos y compiló varios ensayos biográficos, que retratan su recia figura. [21]

 

Notas

1.    Oporto, Luis: “Pan de Socavón, Federico Escobar, su vida en prosa, toda una Leyenda en Siglo XX, todo un concentrado histórico de esa época signada por barrenos y guardatojos, un trocito de recuerdo”. La Paz, “La Razón”, 1994.

2.    Federico Escobar Zapata. Hijo de la clase obrera. Ediciones Liberación. 1974. 24 p. Esta biografía oficial editada por el PCML, concuerda con su autobiografía, publicada por la UTO en su serie Memorias del tiempo (1989), líneas autobiográficas pergeñadas por el líder minero en uno de sus apresamientos.

3.    Testimonio de Martha Escobar de Arévalo, lograda el 4 de noviembre de 1994, en Machacamarca.

4.    Era costumbre -en esos tiempos y en los de la COMIBOL dar trabajo al hijo de un obrero fallecido generalmente en una edad temprana- para paliar la carencia absoluta.

5.    Mi vida, ya citada.

6.    Tan es así que Federico no participa en la masacre del campo María Barzola, pues su madre lo lleva, con engaños, a Uncía.

7.   Memorándum del 1 de noviembre de 1941. Ingresa a interior mina como Timbrero el 17 de julio de 1941.

8.    El 9 de ese mes se enrola en el Regimiento Ingavi “4 de Caballería” de Challapata (Oruro). Recibe instrucción como comandante de Grupo de Combate durante nueve meses. Los mineros, dicho sea de paso, conservaban su trabajo durante el servicio militar.

9.    Trabajadores al servicio de la empresa, en calidad de informantes.

10.   Testimonio de Martha Escobar.

11.   Registro de Empleados, sección sueldos, 1 de agosto de 1949, Archivo Personal de Alicia Chavarría.

12.   Federico Escobar Zapata, hijo de la clase… p. 12.

13.   Carta de Escobar, de 12 de agosto de 1955, al ingeniero Ernesto Ossio, superintendente de Mina, máxima autoridad en Siglo XX. Archivo Particular de Alicia Chavarría.

14.   Acta de la reunión de gran comisión de directores de COMIBOL con la delegación del sindicato minero de Siglo XX.

15.   El acceso a trece archivos oficiales de Estados Unidos, expone de manera clara, la correspondencia cursada entre el Embajada de Bolivia y los servicios de inteligencia y seguridad nacional, con el Departamento de Estado, que permite conocer la intimidad del intervencionismo de EE.UU. contra la Revolución Nacional. Thomas Field: Minas, balas y gringos. Bolivia y la Alianza para el Progreso en la era de Kennedy. La Paz, Biblioteca Laboral, 2016, pp. 53, 68, 70, 77, 87, 93.

16.   Ibídem, p. 90.

17.   Thomas Field, op. cit, afirma que el Gral. Ovando solicitó 650 mil dólares para “material de emergencia”. Los transportes aéreos comenzaron a llegar el 16 de julio de 1961, y más tarde 3.500 granadas de gas (pp. 80, 84, 90)

18.  Testimonio de Gregorio Iriarte, citado por Thomas Field, op. cit, p. 90.

19.   En 1994, había colgado la sotana Lino y era un próspero empresario, según el Testimonio de Gregorio Iriarte registrado en Cochabamba, el 22 de noviembre de 1994.

20.   Ibídem.

21.   Hernán Escobar Chavarría (Comp.): Los bolivianos jamás hemos tenido alma de esclavos (Cochabamba, Talleres Gráficos Kipus, 2010.

 

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