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LA ESTABILIZACIÓN Y LA ARREMETIDA DERECHISTA (1956-1960)

Dirigencia del Sindicato de Siglo XX con parlamentarios Soviéticos

Bocamina Comibol 01/10/2018

Como corolario de este debate llegó la oferta de la Unión Soviética ofreciendo los hornos de fundición gratuitamente, garantizando su funcionamiento.

Fruto de la improvisación en la administración de la economía, la caída del precio del estaño, la falta de reinversión en la Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL), le tocó al gobierno de Siles Suazo (1956-1960) enfrentar la inflación. La visión que se impuso fue la receta del imperialismo yanqui, según la cual el problema era de equilibrio entre el gasto y los ingresos, es decir una fórmula monetarista, a la que se ha recurrido mucho el neoliberalismo. Fórmula que se traduce en reducir los gastos del Estado o las empresas estatales, reduciendo salarios y despidiendo a los trabajadores, más allá de la devaluación del peso boliviano.

La COMIBOL asumió esta política: se cerraron las minas de Bolsa Negra y Kami, convirtiéndolas en cooperativas bajo la tuición de COMIBOL; igualmente la mina de Pulacayo se convirtió en una hilandería, el justificativo fue la caída de los precios del wólfram y la plata, así se consolidaba el carácter mono productor de estaño de la COMIBOL. Pero más allá de esta medida se buscó suprimir la pulpería barata, a “cambio de una justa compensación”, lo que fue desmentido en la práctica, volviendo los trabajadores a la lucha por esta conquista, logrando finalmente que la pulpería se mantuviera cuatro artículos de precios congelados: pan, carne, azúcar y arroz, los tres últimos de “producción nacional”. Era la manera como la minería subvencionaba a la naciente agro industria. Igualmente se indujo al retiro voluntario alentando con la promesa de beneficios extralegales, al mismo tiempo que se les ofrecía la concesión de tierras en el oriente boliviano, dentro del plan de colonización.

Si bien parte de la dirigencia minera aceptó este plan por obediencia partidaria, a excepción de los sindicatos de Siglo XX y Catavi, las masas finalmente fijaron una posición clasista, señalando que el problema económico era el descuido en la provisión de maquinaria, equipo y materiales para la producción en las minas, era el tipo de cambio del dólar con que se beneficiaba al Banco Central, divisas que eran entregados luego a la célula de comerciantes del MNR y que el mayor problema de la minería boliviana era la inexistencia de fundiciones de estaño, que significaba el 70% de producción minera. Un informe de la CEPAL señalaba: “Se puede decir que la Corporación Minera de Bolivia ha estado pagando subsidios al gobierno (sobre transacciones de divisas), contribuyó a la economía boliviana con $US 40.000.000 a 44.000.000 por año y que podía contar con las divisas y la moneda nacional necesaria para llenar sus corrientes obligaciones anuales”. Sentencia que daba razón a los obreros.

Es sobre este problema que se centró la lucha ideológica sobre el desarrollo nacional. Los obreros consideraban que este era el punto principal -el apoyo al crecimiento de la empresa estatal minera y la creación de fundiciones- para garantizar la continuidad del proceso revolucionario, lo contrario era matar a la gallina de los huevos de oro. El debate se centraba en la viabilidad de fundiciones en el país, los trabajadores mineros en base a la experiencia de Mariano Peró en Oruro estaban seguros que este objetivo era posible, igualmente se respaldaban con los argumentos de los ingenieros Núñez Rosales y Zalesky, ambos quienes tuvieron una muerte trágica. Al contrario la derecha planteaba que las fundiciones, de propiedad del Estado boliviano, debieran instalarse en Estados Unidos, comprando las fundiciones de Wah Chang. Como corolario de este debate llegó la oferta de la Unión Soviética ofreciendo los hornos de fundición gratuitamente, garantizando su funcionamiento. Tamaña oferta simplemente fue calificada como una maniobra dentro de la guerra fría, lo que a la vez ratificaba nuestra condición de país subordinado a los Estados Unidos. Este debate dejó establecido cual era el problema fundamental de la minería. Para romper la dependencia del imperialismo hay que hacer fundiciones, clamor que recién en 1966 tendrá eco cuando el Gral. Ovando determine su instalación y será el Gral. J.J. Torres que inaugurará la fundición de Vinto en 1971.

El debate dejó profunda huella en la conciencia nacional, es así que en el debate de 1967, cuando se consideraba el Congreso Nacional la suscripción del contrato de la mina de Matilde con la Phillips Brothers, para explotar el zinc, su firma fue condicionada a la instalación de una refinería de este metal: naturalmente el compromiso nunca se cumplió.

Es en este período que se comienza a romper la unidad de la cadena productiva de la minería estatal, cuando se fortalece el Banco Minero, a título de apoyar a la pequeña minería, mecanismo que servirá para engendrar a la minería mediana y cubrir el robo de minerales de la COMIBOL. Posteriormente este desmembramiento continuará con la creación del Servicio Geológico Boliviano (GEOBOL), para que haga prospección y exploración; luego la creación de la Empresa Nacional de Fundiciones (ENAF) convertirá a la COMIBOL en una empresa exclusivamente productora de concentrados, incapaz de proyectar su futuro sin nuevos yacimientos y sin tener financiamiento, al haber perdido la propiedad de sus minerales marginado del mercado mundial.

El gobierno de Siles Suazo avanzó en su derechización con la reorganización del ejército con ayuda norteamericana, por otro lado aprobó el Código del Petróleo que permitía la adjudicación de concesiones a empresas extranjeras. Tales medidas merecían una respuesta de la izquierda dentro del MNR, la cual se dio en la elecciones de 1960, cuando ganó el binomio Víctor Paz Estensoro-Juan Lechín Oquendo.

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